ENCRUCIJADA

La relación iba avanzando.
Los lazos parecían estrecharse.

Las citas continuaban.
Las dudas, lógicamente, iban naciendo.
No estaba preparado.
Ni lo habían hablado.
Pero ambos sabían que ese podía ser el día.
Más tiempo empezaría a ser mucho tiempo.
Menos tiempo habría sido poco tiempo.
Así que llegó el momento de
escuchar por primera vez
lo inevitable.
Te quiero.
Yo... también.
Mierda.

Pensaron los dos, levemente.

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