SPANISH REVOLUTION?

Lo novedoso de estas concentraciones que vivimos en estos días, hace que por primera vez en muchos años, el discurso político cuente con interesantes novedades. De lo que he leido sobre el particular, os paso dos artículos de opinión cuando menos interesantes. El primero habla de la vivencia personal del paro, ese paro joven y preparado que según muchos indicios, forma el núcleo de la protesta. El segundo llega desde el colectivo La Dinamo y viene a abonar la vieja teoría de que "Cuanto Peor , Mejor", o al menos así lo interpreto yo. Os adjunto ambos artículos. Se leen muy bien.
El video tambien me parece muy elocuente. A ratos parece un monólogo humorístico, pero transmite una mala hostia muy verosimil. Si no tienes mucho tiempo te aconsejo que al menos veas eso.  

TOMAR LA DIGNIDAD

Hallamos en todas partes la misma pena de vivir, el mismo dolor y la más absoluta ausencia de horizontes. En todas partes la misma oscuridad, la misma noche. Y ante todo, la certeza de estar ante una realidad que, con la más vejatoria de las indiferencias, tritura de forma persistente nuestras vidas. La realidad ha demostrado que su único sentido es perpetuarse en esta agresión a la que sobrevivimos cada día, y su único límite lo halla en la posibilidad de que sucumbamos a nuestras propias vidas.

Solo una experiencia privada, aislada y solitaria de esta fragilidad de vivir ha permitido que las cosas sigan su curso normal. Normalidad significa hacer la experiencia privada de nuestra desesperación. Normalidad significa  guardar silencio, y aguantar a solas el peso de la realidad. Normalidad significa perpetuar, mediante la más humillante de las complicidades, el actual estado de cosas.

La precariedad no es una categoría económica, es una categoría que habla de nuestra existencia. 'Precariedad' significa tener una vida que pende de un hilo. Se manifiesta de forma encarnizada en nuestras vidas: no es una imagen, ni una simple manera de explicar las cosas. La precariedad es lo que somos a cada instante y de forma inevitable, esto es, una vida rompiéndose, un querer vivir debilitado.

De la misma manera, el paro no es un dato, no es estadística. La única verdad del paro, es la de la imposibilidad de tener una vida. Sabemos que la realidad se organiza en relación a la dicotomía tener dinero/no tener dinero. Tener dinero significa estar 'dentro', poder tener una vida, que en cualquier caso será poco más que una vida precaria. El reverso de tener una vida es no tenerla.

Una persona en paro es una persona a la que se le ha denegado la posibilidad misma de tener una vida. Está muerto socialmente.

En medio de todo este desastre sobrevivimos de forma anónima y ayudados sobre todo por nuestros allegados: familia, pareja, amigos… Habiendo llegado a este punto, nuestra capacidad de aguante, de ayudarnos, de tendernos la mano unos a otros en las peores horas ha quedado demostrada con una grandeza que ningún representante del actual sistema político podrá jamás llegar a comprender. Esa es la verdad que nos pertenece, y es inexpropiable. Es el pequeño espacio de dignidad que hemos conquistado en nuestra particular lucha contra la vida. Ahora, además, la hemos politizado.

La toma de las plazas en las principales ciudades del país nos habla de todo esto. Pero nos habla también del momento en que hemos decidido por fin tomar partido y rechazar el actual estado de cosas. Hemos convertido en fuerza nuestro anonimato y en desafío nuestra desesperación. Hemos comprendido que la dignidad no es negociable, que no se pide: se toma. Hemos comprendido que lo que está en juego nos es otra cosa que nuestra vida. No podemos parar ahora porque ante una realidad que nos agrede de forma constante solo nos queda un enfrentamiento constante.

Que las condiciones de vida en las que estábamos forzados a vivir eran insoportables lo sabíamos todos. Ahora sabemos además que podemos contestarlas. 

No es la hora del miedo

Por Redacción LDNM

Ahora sí. Los medios de comunicación no han podido seguir haciendo oídos sordos y han tenido que hacerse cargo de las movilizaciones del 15 de mayo y sus múltiples derivaciones. Noticias, artículos y entrevistas en la prensa escrita, imágenes, comentarios, entrevistas con “expertos” en los telediarios y en los espacios de debate en televisión. Pero, ¿en qué clave se produce este tratamiento informativo? En los medios pro PSOE se habla de inquietud en la izquierda (léase PSOE e IU) y tranquilidad en la derecha (léase PP). En definitiva, su lectura, la que intentan imponer a toda velocidad, es la que defiende que el único efecto posible de estas movilizaciones es una victoria electoral del PP. Y, por supuesto, el objetivo de semejante lectura no es otro que desmovilizar, con el eterno chantaje del miedo: “Que vienen los del PP, que son aún peores”.
Esta vez no podemos dejarnos engañar. No es sólo que nadie pueda saber a ciencia cierta qué ocurrirá –ni siquiera en el previsible panorama electoral– a raíz de estas movilizaciones. Es que además lo cierto es que tampoco está ya muy claro en qué sentido es o puede ser peor el PP. Repasemos los palos más grandes que ha recibido el movimiento obrero y la sociedad civil en su conjunto en este país: pensemos en la Reconversión Industrial, allá por los años ochenta, en las diversas reformas laborales que han ido aumentando la precariedad y recortando derechos, en la pérdida de progresividad del sistema fiscal, en la reciente reforma de las pensiones o en el inminente pacto que tocará la otrora intocable negociación colectiva. Algunos de estos “logros” son de responsabilidad compartida PP-PSOE. Otros, los más, son una hazaña exclusiva del PSOE. En Madrid, donde llevamos ya muchos años de gobierno del PP, hay quien tiende a idealizar un posible gobierno del PSOE. Pero parémonos un momento a hacer memoria y recordemos, por ejemplo,  que en el pleno del Ayuntamiento en el que se aprobó la privatización del Canal de Isabel II el PSOE se abstuvo. O que Tomás Gómez ha sido uno de los principales adalides de políticas económicas neoliberales como la supresión del impuesto de patrimonio.
Posiblemente no es este el momento de mirar atrás y repasar las cuentas de resultados. De lo que sí es, en cambio, el momento, es de recordar insistentemente que los partidos en el gobierno no hacen lo que está en sus programas electorales, ni lo que dicta la ideología de sus padres fundadores, sino única y exclusivamente lo que el pueblo les permite. Un gobierno del PSOE sometido a la presión de los mercados y la UE, y que encuentra frente a sí una sociedad civil desactivada por el chantaje del miedo y unos sindicatos dispuestos a pactar lo que haga falta constituye, con toda probabilidad, un gobierno mucho más dañino que uno del PP, marcado por la inestabilidad que podría provocar una decidida y radical oposición de la población y, quizá, la vuelta al escenario de al menos una parte de esos sindicatos que con el PSOE parecen haber capitulado definitivamente. No es esta la hora del miedo, ni la de los lamentos, ni la de votar con la nariz tapada. Es la hora de defendernos a toda costa de lo que es el ataque organizado más amplio que se ha producido jamás contra nuestro bienestar.




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