LA PESTE

Yo creo detectar una diferencia esencial entre aquellas crisis de antes y esta: ahora nadie se molesta en defender “el sistema”. Cuando los países productores de petróleo decidieron en 1972, que ya era hora de aprovechar sus riquezas naturales para conseguir riquezas artificiales, aquella tele en blanco y negro sacaba cada poco algún corbatudo que nos explicaba que la culpa era de los árabes y que una vez readaptado el mercado podríamos recuperarnos, “el sistema funciona” era el lema de los tecnócratas tardofranquistas. Había entonces otro “sistema”, al que estaban adscritos muchos países y que era mitificado por los sectores desfavorecidos por nuestro modelo. Era importante sacar pecho ideológico. Algo así ocurría también en los años de la reconversión. La grandes industrias que habían sustentado la economía ya no daban más de sí, eran incapaces de competir con las ofertas de los países emergentes. Entonces se vendía que los países “libres” teníamos capacidad para reinventarnos mientras que el bloque socialista moriría por su innata anemia. La falta de competencia llevaría a la congestión. En estos tiempos que corren ya nadie se ve obligado a defender el “sistema”. No existen modelos alternativos y por tanto ahora, lo que debemos defender todos es, al parecer, algo mucho mas abstracto: el sistema “financiero”. En los noventa se hablaba del reparto del trabajo existente y de la jornada de 35 horas. Ahora se habla de abaratar y facilitar el despido, de perder derechos laborales, de penar a quien coge una baja…hasta la sacrosanta “soberanía nacional” palidece ante la evidencia de quien lleva la vara de mando por la vía de los hechos. Se acabaron las sutilezas. Fuera caretas. Quienes crearon las hipotecas basura, origen del crack mundial, siguen tan campantes amasando fortunas, quienes animaron con toda su artillería publicitaria a hipotecar hasta el alma, se empeñan con parecido tesón en desahuciar a quienes ya no pueden pagar. El lema ya no es “el sistema funciona” sino mas bien “Esto es lo que hay”. Y llegados a este punto ¿Podemos confiar en partidos políticos también endeudados hasta la médula con los bancos? ¿son igual de exigentes los bancos a la hora de pedir lo que se les debe con todos por igual? Quiero pensar que esta crisis también pasará. Pero esta vez no será fácil que se despeje la peste que deja.

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