Manolo comprendió aterrado su irónico destino. Las punzadas en el pecho comenzaron justo cuando sobrevolaba los mares del sur, su insistente símbolo de plenitud vital soñada e irrealizable. Rodeado de aquellos orientales con bata blanca que chillaban a su alrededor concluyó, con gran dolor de corazón, que ni él mismo habría escrito un final tan jodidamente bueno.
Subscribe to:
Post Comments (Atom)


0 comments:
Post a Comment